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24/7/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE BOQUERÓN Ó SAUCE

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE BOQUERÓN Ó SAUCE
El 18 de julio de 1866 se produce la definición en la Batalla de Boquerón, en la Guerra del Paraguay. Las fuerzas paraguayas había iniciado el asalto dos días antes contra posiciones aliadas. Las fuerzas argentinas en la batalla estuvieron comandadas por el General Emilio Mitre; las brasileñas por el Mariscal de Campo Polidoro y las uruguayas por el General Flores, quién era a la vez comandante en jefe. Las pérdidas en hombres fueron muy grandes para ambas partes, quedando victoriosas las fuerzas aliadas.

En el sangriento asalto que los soldados argentinos llevaron a la trinchera de Potrero Sauce, el 18 de julio de 1866, el primero que puso los pies en la disputada posición fue el capitán del Batallón San Juan, don Lisandro Sánchez, seguido del soldado Santiago Esquivel.
Animados por tan bravo ejemplo, toda la compañía sanjuanina y otra del Regimiento Córdoba, escalaron el terrible obstáculo. Animaba a sus cordobeses el capitán Pedro Sosa, cuando una bala cortó su vida, casi al mismo instante que rendía la suya el primero holló la trinchera, el bravo Lisandro Sánchez.
En medio de aquella carnicería y de aquel desesperado batallar, muere, al pie de la trinchera, el abanderado del 2 de Entre Ríos; el Sargento Máximo Euguren, un verdadero niño, la levanta en alto y escala la batería gritando a sus camaradas:
- Siganme, si son hombres.
Tal injuria no quedó sin recoger. Un miliciano le contesta airado:
- Lo hemos de seguir y aun hemos de pasar, Sargento… ¿Acaso usted nomás es argentino?
Y para sostener esta frase de insubordinación sublime, provocada por la duda del superior, el bravo miliciano se lanza adelante; tras él fueron otros, y al fin todos.
Fuente: Compilación de Anécdotas Militares, Subteniente Juan Carlos Cordoni, Bs. As. 1936.

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE YATAYTY-CORÁ

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE YATAYTY-CORÁ
Continúa la batalla iniciada el dia 10 de julio de 1866 donde las fuerzas paraguayas las cuales superaban en número a las argentinas fueron derrotadas. 
Compartimos el siguiente relato del combate.
Uno de los medios mas eficaces de destrucción empleado por los praguayos en su lucha con el ejército aliado y, por cierto, con funesta eficacia, fueron los cohetes a la Congreve. Cada choetazo significaba una brecha abierta en las filas, un montón de muertos y heridos, que perecen en medio del mayor dolor.
En la batalla de Yatayty-Corá cayó uno de esos proyectiles en el centro de los cuadros formados por la infantería argentina. El terror se apoderó aún de los mas serenos: apartáronse todos velozmente, esperando el instante en que, estallando el cohete, esparciera en derredor desolación y la muerte.
Entonces sucedió algo verdaderamente grandioso: el mayor don Fernando Echegaray aproximose rápido y sereno al lugar donde el proyectil mortífero rodaba vertiginoso; separó de un fuerte empellón al abanderado Uriarte, mientras que sujetando con mano fuerte la vara del cohete fatal, arriesgando la vida para salvar la de sus camaradas, corrió a lanzarle lejos… pero no tuvo tiempo. Antes de soltarlo estalló, y una nube de fuego y humo rodeó el cuerpo del heróico abnegado que permaneció aun un instante en pie para desplomarse en brazos del teniente Solier, que presuroso acudió en su auxilio.
El mayor Echegaray, como muchos otros héroes, no tuvo última palabra: tuvo último heroísmo, que ha dejado su nombre escrito indeleblemente en las páginas refulgentes de la Historia.
Fuente: Compilación de Anécdotas Militares, Subteniente Juan Carlos Cordoni, Bs. As. 1936.


13/4/16

UNA OFENSA QUE SE PAGO CARA

En la batalla de Ituzaingó, en lo más encendido de la pelea, cuando los choques eran más rudos y sangrientos, un arrogante oficial brasileño, espoleando su caballo, Salió al encuentro de Olavarría, amenazándole con una pistola.
El jefe argentino detuvo el nervioso corcel y, erguido, apuesto y sereno, espero a que su contrario hiciera fuego, presentando, altivo, el pecho al peligro.
Hizo fuego el brasileño y, furioso, al ver indemne a su contrario, levantose sobre los estribos, y con gesto despreciativo lanzo la pistola, de revés, a la cabeza del jefe argentino, con tal fuerza y certera puntería, que le magullo la cara rompiéndole dos dientes.
Un segundo después yacía muerto en el suelo, atravesado por la lanza que disputaba Zapiola el honor de ser la primera del Ejército argentino.
Cuentase que Olavarría, al recordar el hecho, exclamaba:
—Podía permitir que me matara; jamás que me cometiera un ultraje.

Fuente: Compilación de Anécdotas Militares, Subteniente Juan Carlos Cordoni, Bs. As. 1936.