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26/11/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE GRANADEROS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE TARMA

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE TARMA
El 23 de noviembre de 1820 se produce un combate en el camino a la ciudad de Tarma, Perú. Fuerzas patriotas al mando del Teniente Coronel Manuel P. Rojas en camino de Jauja a la ciudad de Tarma, atacan una columna realista que había sido previamente derrotada por el entonces Mayor Juan Galo de Lavalle, la vencen y capturan al total de sus jefes y tropa sobrevivientes, siendo esta una acción destacada ya que gracias a la misma se consigue tomar un armamento importante.

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21/11/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE GRANADEROS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE JAUJA

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE JAUJA
El 20 de noviembre de 1820 se produce el Combate de Jauja, Perú. Un escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo, al mando del entonces Sargento Mayor Juan Galo de Lavalle, ataca en los cerros y durante una noche de luna a una columna mucho mayor de fuerzas enemigas en marcha. La carga argentina fue tan violenta que desarticuló toda defensa española, huyendo los realistas en desbandada hacia Tarma, mientras eran sableados por los granaderos. Se tomaron dos cañones y su parque de munición, además de soldados y oficiales prisioneros. Entre ellos estaba el Teniente Pedro Bermúdez, nacido en el Perú, que llegaría a ser General en su ejército y presidente del país.

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20/11/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE ARHUMA

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE ARHUMA
El 15 de noviembre de 1810 se produce el combate de Aroma o Aruhuma en el Alto Perú. Después de la Batalla de Suipacha, las cuatro intendencias del Alto Perú que dependían de Buenos Aires se pronunciaron a favor del gobierno independiente surgido en Mayo de 1810. Cochabamba reunió algunas fuerzas mal armadas pero decididas. En los campos de Aruhuma sorprendieron a fuerzas realistas al mando del Coronel Fermín de Piérola, sosteniendo un combate sangriento en el que lograron derrotarlas, apoderándose de la artillería y su parque y tomando prisioneros. Las columnas patriotas fueron comandadas por Don Esteban Arce.

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12/11/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE GRANADEROS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE MAYOC

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE MAYOC
El brigadier realista Montenegro, con 600 hombres y dos cañones, cierra el paso al destacamento de Arenales en el río Mantaro. Dos puentes cruzaban este curso de agua. El jefe patriota inició el ataque principal por el más débilmente defendido, llamado de Mayoc. El éxito de este ataque al amenazar la retaguardia del resto del dispositivo realista, determino la retirada general de éste. El comandante Juan Lavalle realizó la persecución del enemigo hasta Jauja.

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30/10/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE GRANADEROS POR ANIVERSARIO AUDICIÓN DE LA MARCHA SAN LORENZO

A 116 AÑOS DE LA PRIMERA AUDICIÓN DE LA MARCHA DE SAN LORENZO.
El día 30 de octubre de 1902 se produce la primer audición pública de la marcha San Lorenzo, de Cayetano Silva.
La marcha evoca el combate del 3 de febrero de 1813, en terrenos del convento de San Carlos, sobre las barrancas del Río Paraná y cerca de la localidad de San Lorenzo, en la Provincia de Santa Fe. Fue el bautismo de fuego del Regimiento de Granaderos a Caballo. Esta brillante marcha fue probablemente compuesta en 1892, siendo interpretada en público por primera vez en esta fecha en la inauguración del monumento al General José de San Martín en la ciudad de Santa Fe.
La Marcha "San Lorenzo" ha sido designada Marcha Oficial del Ejército Argentino para rendir honores al Comandante en Jefe del Ejército y es la Marcha Oficial del Regimiento de Granaderos a Caballo "General San Martín".
Oída en Alemania, fue tal el entusiasmo que causó en sus autoridades y pueblo, que nuestro gobierno decidió donarla al ejército alemán, que en retribución nos obsequió la marcha "Viejos Camaradas". Se conoce también que fue ejecutada en Inglaterra para el cambio de guardia del Palacio de Buckingham y en la coronación del Rey Eduardo V.

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PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE GRANADEROS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE CANGALLO

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE CANGALLO
El entonces sargento mayor Juan Galo de Lavalle, al frente de un escuadrón de Granaderos a Caballo, en la Pampa de Cangallo, logró cortar la retirada de los realistas, comandadas por el coronel Cartalá, logrando así debilitar el potencial de los realistas en esos territorios. Próximo a la Pampa de Cangallo, se encontraba el pueblo de Cangallo, que fue destruído por orden del virrey De La Serna el 11 de febrero de 1822, como castigo a sus habitantes por colaborar con la causa americana. Más tarde, el gobierno del Perú ordenó reedificar la ciudad con el nombre de “Heroica Cangallo”

16/10/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DESEMBARCO TROPAS DE MARTIN GARCIA

ANIVERSARIO DEL DESEMBARCO DE LAS TROPAS PROVENIENTES DE LA ISLA MARTIN GARCIA
El 14 de octubre de 1838 desembarcan en Buenos Aires el Teniente Coronel Jerónimo Costa y sus hombres, rendidos en Martín García. Desde lanchas tripuladas por marinos franceses pertenecientes a la corbeta Dasses, arriban a Buenos Aires el jefe de la guarnición con 97 de sus hombres y que el comandante francés entrega caballerescamente al gobernador de Buenos Aires, General Juan M. Rosas. Llevan una carta de Monsieur Daguenet dirigida a Rosas, que dice: ... ella me ha proporcionado la ocasión de apreciar los talentos militares del bravo Teniente Coronel Don Jerónimo Costa, gobernador de la isla, y su animosa lealtad hacia su país. Lleno de estimación por él, he creído que no podía darle una mejor prueba de los sentimientos que me ha inspirado, que manifestando a V. E. su bella conducta frente al ataque dirigido contra él, el 11 de este mes, por fuerzas bastante superiores a las que él podía disponer.

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12/10/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE EN MARTIN GARCIA

ANIVERSARIO DEL COMBATE EN MARTIN GARCIA
El 11 de octubre de 1838, el gobernador de la isla, Teniente Coronel Jerónimo Costa, rechaza la intimación de rendición del Capitán Hipólito Daguenet, comandante de las fuerzas navales francesas que bloqueaban el Río de la Plata. Desembarcaron soldados franceses y uruguayos en tres columnas. Costa y Juan B. Thorne, su segundo, combatieron hasta agotar su munición, rindiéndose entonces para ser remitidos junto con la guarnición a Buenos Aires.

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8/10/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE GRANADEROS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE PALPA

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE PALPA
El día 6 de octubre de 1820, las fuerzas del General Arenales se apoderan de Ica, desde donde el jefe Patriota destaca una fracción de caballería al mando del Teniente Coronel Rufino Guido en persecución del Coronel Realista Quimper.
El 7, las fuerzas de Guido dan alcance a los realistas en Palpa; dos compañías enemigas deciden pasarse al bando patriota y el resto se dispersa.

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PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE GRANADEROS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE MARMARAJÁ

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE MARMARAJÁ
El 6 de octubre de 1814 se produce el combate de Marmarajá. Después de rendida Montevideo al General Carlos de Alvear, el General Artigas pretendió que se le entregara la ciudad, no accediendo a ello el gobierno de Buenos Aires, iniciando entonces el segundo hostilidades contra el gobierno central. En procura de terminar con esta situación, el Coronel Dorrego y el General de Alvear decidieron atacar el campamento de Marmarajá donde se hallaba el jefe artiguista, Teniente Fernando de Otogués. Dorrego sorprendió a las tropas de Otogués y las dispersó, persiguiéndolas hasta que se adentraron en territorio brasileño.

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22/8/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE CARAGUATAY

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE CARAGUATAY
El 21 de agosto de 1869 se produce el Combate de Caraguatay, en la Guerra del Paraguay. Tropas brasileñas y argentinas al mando del Coronel brasileño Carlos B. De Oliveira Nery, atacan y derrotan a una columna paraguaya.

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PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE YATAY

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE YATAY
El día 17 de agosto de 1865 tiene lugar la Batalla de Yatay, Guerra del Paraguay, 1865. El ejército aliado, formado por fuerzas argentinas, uruguayas y brasileñas al mando del General Venancio Flores, derrota a fuerzas paraguayas en los campos de Yatay, Provincia de Corrientes. La batalla fue sangrienta y reñida, terminando con graves pérdidas para los paraguayos.

La Guerra del Paraguay puede dividirse en cinco campañas: la de Matto Grosso, la del Uruguay, la de Humaitá, la de Pikysyry y la de las Cordilleras. En la campaña de Matto Grosso los paraguayos se apoderaron de la fortaleza de Coimbra, Alburquerque, Corumbá, Miranda y Dorados. La segunda tuvo por objetivo el Uruguay, hacia donde se dirigieron dos columnas del ejército paraguayo, por Corrientes y Río Grande, para expulsar a los brasileños y sostener la soberanía de ese país. El objetivo de la tercera -para los aliados- era la toma de la plaza fuerte que fue el centro de la resistencia paraguaya. La cuarta se llama así porque se desarrolló sobre la línea fortificada del arroyo Pikysyry, segundo centro de la resistencia del Paraguay. La quinta fue la que se llevó a cabo después de la batalla de las Lomas Valentinas, al otro lado de las Cordilleras, hasta Cerro Corá.
Al iniciarse la segunda campaña, abandonó Francisco Solano López la capital, para ir a ponerse al frente de sus ejércitos. Dejaba así la Asunción para siempre. Nunca más entraría en ella, no permitiéndole los azares de una guerra a muerte ni siquiera volver a contemplarla a la distancia.
En realidad, en aquel momento -8 de junio de 1865- empezaba su agonía, que era la de su patria, como él condenada a una muerte cruel e irremediable. Antes de partir dirigió al pueblo una proclama, en el que daba a entender que iba resuelto a abandonar “el seno de la Patria”, para incorporarse “a sus compañeros de armas en campaña”.

Pero llegó a Humaitá y cambió de opinión, bajo la influencia de insinuantes cortesanos, como el obispo Palacios, que acabaron por convencerle de que no debía imponerse ese inútil sacrificio, teniendo a su lado tantos hombres capaces que podían muy bien reemplazarle… Instaló, pues, allí su cuartel general, estableciendo una activa comunicación telegráfica con la ciudad de Corrientes, donde José Berges ejercía su representación.
El general Wenceslao Robles había reunido, entretanto, 30.000 hombres de las tres armas y estaba en condiciones de marchar, sin dificultad alguna, arrollando los pequeños obstáculos que encontrase en su camino. En aquellos momentos aún no se había establecido el campamento general de los aliados en Concordia, ni éstos disponían de tropas capaces de contrarrestar la acción del Paraguay. Ningún paraguayo dudaba del éxito de la empresa confiada a Robles, experimentado militar, que había dado tantas pruebas de sus aptitudes de brillante organizador. Pero los hechos desvanecieron bien pronto tan optimistas esperanzas.
Al frente de aquella poderosa columna, Robles se sintió inferior a su cometido, no atinando a obrar con la resolución y la pericia que le imponían las circunstancias. Perdió su tiempo con fútiles pretextos, avanzando con lentitud extrema, distraído por pequeñas guerrillas sin importancia. Así perdió la oportunidad única que se le brindaba, dando todas las ventajas a los oponentes. Finalmente, entró en tratos con los aliados, pagando con su vida los graves errores cometidos.
Lo reemplazó el general Francisco Isidoro Resquín, quien hizo contramarchar a su ejército, regresando con él a territorio paraguayo. El fracaso de la expedición de Robles determinó el fracaso de la expedición de Estigarribia. Este, al frente de 12.000 hombres, invadió el Estado de Río Grande del Sud, siguiendo la línea del Uruguay, para ir a encontrarse con la otra columna expedicionaria en la frontera de la República Oriental.
La llegada oportuna de Robles debió impedir la formación del ejército aliado que salió a batirle permitiéndole someter holgadamente a los brasileños. Pero no sucedió así. Robles no llegó nunca a la frontera oriental, no pasando más allá de los límites de Corrientes. Gracias a esto, Mitre pudo organizar el ejército hasta encontrarse en situación de batir a los paraguayos.
Realmente Estigarribia debió retroceder al ver que había fracasado el plan convenido. Pero lo empujaron adelante, los numerosos jefes orientales que lo acompañaban, los cuales le aseguraban que, al llegar a la frontera de su país, contaría con el franco apoyo de todos los compatriotas uruguayos.
Entrar en Uruguayana fue para él entrar en una ratonera. Pronto fue allí rodeado por el ya poderoso ejército aliado, teniendo que sucumbir, vencido por el hambre y por la muerte. Una parte de su ejército, que marchaba por la orilla derecha del río Uruguay, a las órdenes del mayor Pedro Duarte, sucumbió también, aplastado por fuerzas muy superiores.
En efecto, el 17 de agosto de 1865 libraron batalla 3.500 paraguayos, de caballería e infantería, con 11.000 aliados de las tres armas, a las órdenes del general Venancio Flores.
Pese a la abrumadora superioridad enemiga, Estigarribia rechazaba con ironía la propuesta de rendirse a los “libertadores de su patria”. “Si VV.EE. (decía a los jefes aliados) se muestran tan celosos por dar libertad al pueblo paraguayo, ¿por qué no empiezan por dar libertad a los infelices negros del Brasil, que componen la mayor parte de la población, y gimen en el más duro y espantoso cautiverio para enriquecer y estar en la ociosidad a algunos de cientos de grandes del Imperio?”.
Luego de la derrota de los paraguayos, Flores declaró: “Los paraguayos son peores que salvajes para la pelea, prefieren morir antes que rendirse…”.
La mayor parte de los prisioneros fueron pasados a cuchillo (se calcula que eran alrededor de 1.400) y los soldados sobrevivientes fueron alistados en los batallones del ejército aliado, obligándoseles así a ir contra su patria. Decía Flores: "Los batallones orientales han sufrido en Yatay una gran baja, y estoy resuelto a reemplazarla con los prisioneros paraguayos, dándole una parte al general Paunero para aumentar sus batallones, que están pequeños algunos". Mientras tanto el vicepresidente argentino Dr. Marcos Paz agrega: “El general Flores ha adoptado por sistema incorporar a sus filas a todos los prisioneros, y después de recargar sus batallones con ellos ha organizado uno nuevo de 500 plazas con puros paraguayos”.
El gran publicista oriental, Carlos María Ramírez protestó en 1868, contra la repetición sistemática del mismo hecho: “Los prisioneros de guerra –decía- han sido repartidos entre los cuerpos de línea y, bajo la bandera y con el uniforme de los aliados, compelidos a volver sus armas contra los defensores de su patria". ¡Jamás el siglo XIX ha presenciado un ultraje mayor al derecho de gentes, a la humanidad, a la civilización!.
En la Quinta Sección, chacra el Ombucito, existe un monolito que evoca la Batalla de Yatay. Este sitio fue declarado Lugar Histórico el 4 de febrero de 1942, por la Ley 12665, según consta en "Monumentos y Lugares Históricos" de Hernán Gómez. Allí serpentea un arroyo, entre arbustos y pajonales, que se vuelca en el río Uruguay. Este paisaje está adornado con elegantes palmeras Yatay (Yatay significa Palmera en guaraní). Ellas dieron su nombre al arroyo y al lugar. El topónimo dio el nombre a la batalla.

14/8/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE EZCURRA

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE EZCURRA
El 14 de agosto de 1869 se produce el ataque aliado a Ezcurra, Guerra del Paraguay. Tropas argentinas y brasileñas toman por asalto las trincheras fortificadas paraguayas. Una división argentina, mandada por el Coronel Luis M. Campos es la primera en ocupar la plaza.

7/8/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE AZCURRA

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE AZCURRA
El día 7 de agosto de 1869 se produce el Combate en Azcurra, uno de los tantos combates de la Guerra del Paraguay. Las tropas nacionales al mando del Coronel Donato Álvarez asaltaron las trincheras paraguayas en un exitoso ataque con armas blancas, retirándose luego en orden al iniciarse un contraataque masivo de la artillería paraguaya.

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3/8/18

PUBLICACIÓN EN LA PÁGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE PERDRIEL

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE PERDRIEL
El 31 de julio de 1806, se encontraban reunidas en la chacra de Perdriel algunas fuerzas criollas y españolas, las que junto con el Ejército que al mando de Liniers vendría desde la Banda Oriental llevarían adelante la reconquista de Buenos Aires. Enterado Beresford de la presencia en ese lugar del hacendado Juan Martín de Pueyrredón, al mando de un considerable número de paisanos armados y a caballo junto a otras tropas de infantería y alguna artillería, decidió en la madrugada del 1 de agosto marchar al lugar con el teniente coronel Pack y 500 hombres del 71 de “Highlanders”, 50 de Santa Elena y 6 piezas de artillería. A las 08.30, ambas fuerzas se enfrentaron y no tardaron mucho las experimentadas tropas inglesas en producir la dispersión de las fuerzas rioplatenses. Fue entonces cuando Pueyrredón al mando de un puñado de voluntarios de caballería cargó en forma temeraria por el flanco derecho inglés en un intento de tomar su artillería. La sólida oposición a órdenes de Pack evitó el éxito de la acción, sin embargo con esta temeraria acción, que casi se cobra la vida del mismo Pueyrredón, los futuros Húsares ejecutaron con valor la primera carga de la caballería argentina.
Al anochecer del 31 de julio de 1806 llegaban a Perdriel alrededor de 1050 hombres, al sumarse las fuerzas del hacendado Martin Rodriguez. Allí habían ido sumándose en pequeños grupos los 900 hombres reclutados en Buenos Aires a las órdenes de Juan Trigo y Feijoó.
Perdriel había sido elegido como campamento por su posición estratégica, cerca de Buenos Aires (20 km al oeste noroeste), pero también de Olivos (13 km) y de Las Conchas (15 km), que eran los lugares donde Liniers podía desembarcar.
No obstante el sitio elegido presentaba desventajas: "nuestro punto de reunión no fue bien elegido, pues a tan corta distancia de la ciudad era muy fácil sorprendernos. Beresford no tenía caballería. Si nos hubiéramos situado en la Cañada de Morón o en el Puente de Márquez, podíamos haber juntado más de 1000 paisanos. Entonces sin atacar de frente a los ingleses, a fuerza de amagos y escaramuzas, los habríamos fatigado, hécholes quemar sus municiones; y estando cortados, sin retirada, habría quedado en nuestro poder el coronel Pack con sus tropas."
Confiando en no haber sido detectados y contando con días para el arribo de Liniers y el inicio de la campaña, los hombres recibieron permiso para ausentarse y muchos se dirigieron a la ciudad. De los restantes, sólo unas pocas decenas contaban con armas de fuego.
El entrenamiento y organización de las milicias era prácticamente inexistente. Los voluntarios respondían fundamentalmente a su caudillo y se carecía de oficiales y suboficiales que los dirigieran. Incluso el mando superior era confuso: si bien Juan Martín de Pueyrredón contaba con el encargo del Cabildo y el mandato de Huidobro, no tenía jerarquía militar alguna, mientras que Olavarría era militar de carrera y comandaba a las únicas tropas veteranas, que por otra parte constituían hasta el momento el grueso de la división. Esto se tradujo en la división de hecho de las fuerzas. Mientras los voluntarios de Pueyrredón permanecían acantonados en el casco de la chacra, las fuerzas de Olavarría permanecieron separadas al noroeste de la posición, cercanos al río de las Conchas y en lo que sería la retaguardia ante un avance británico desde Buenos Aires.
Desde mediados de julio el comandante inglés William Carr Beresford sabía que se conspiraba y desde el 20 de ese mes que Pueyrredón reunía voluntarios en la campaña. Esa misma noche del 31 de julio, mientras disfrutaba con sus oficiales de una función en el Teatro de la Comedia, recibió informes confirmando la reunión de tropas en Perdriel. Dispuso de inmediato que parte de las fuerzas quedaran acuarteladas en estado de alerta y otras, al mando del coronel Denis Pack, jefe del regimiento 71 Highlanders, se aprestaran a marchar.
En la medianoche del 31 de julio al 1 de agosto, la columna británica al mando de Beresford con entre 500 y 600 hombres del Regimiento 71 y seis piezas de artillería volante inició su marcha reservada y cautelosamente, oficiando de guía el criollo Francisco González.
En la mañana del 1 de agosto, casi simultáneamente con los británicos, arribaron desde Buenos Aires unos cincuenta hombres más reunidos en su mayor parte por el cabo Juan Pedro Cerpa, conduciendo algunas armas y municiones recolectadas en la casa del comerciante Santos Incháurregui, así como cuatro viejas carronadas, al mando de Miguel Esquiaga y Pedro Miguel Anzóategui. Con los refuerzos, las fuerzas criollas al mando de Pueyrredón en la chacra se elevaban a escasos doscientos hombres.
Martin Rodriguez se encontraba destacado en un puesto avanzado situado en Santos Lugares. Desde la torre de la iglesia Jesús Amoroso, en el actual partido de San Martín, divisó la llegada de los invasores y se dirigió rápidamente a Perdriel donde comunicó la novedad a Pueyrredón.
A la altura de las actuales instalaciones del Liceo Militar General San Martin y el Tiro Federal, al este sudeste de Perdriel, los británicos hicieron alto para organizar su despliegue. La artillería se instaló a la altura de la actual calle 104 (O'Donnell) en su intersección con 109 (1° de agosto de 1806), a poco más de 300 metros de la empalizada que rodeaba el caserío de la chacra de Perdriel, a los -34° 33' 48.38" de latitud sur, -58° 34' 9.85" longitud oeste.
Beresford dividió la infantería en dos alas, a derecha e izquierda de la artillería. La reserva permaneció a retaguardia al mando del teniente coronel Pack, cubriendo la artillería y al cuerpo de oficiales encabezado por Beresford. La posición era ligeramente elevada y tenían a la derecha una laguna (calles 110 -José Hernández- y 101 -9 de julio-) y tierras bajas anegadas que se extendían hasta más allá de la Chacra, mientras que a su izquierda el terreno bajaba por más de 400 metros hasta la cañada de Méndez (calles 115 -Maestro Dasso- y 117 -Suipacha-). El terreno estaba ocupado por dispersos ombúes, cina cina, tunales y un talar que nacía al sur del caserío.
Pueyrredón sólo tuvo tiempo de repartir unos pocos de los fusiles provistos por Esquiaga y Anzoategui, con lo que el total de tiradores llegó a unos cincuenta. Sus hombres rápidamente montaron las carronadas recién llegadas en cureñas de mar utilizando osamentas como cuñas, y junto a los pedreros fueron ubicadas por Pueyrredón en batería en el centro de su dispositivo, delante de una línea de tunales que limitaba el casco de la chacra (calle 112 -Vicente López-). Protegía la artillería comandada por el capitán de marina mercante Francisco Trelles un pequeño grupo de infantes mal armados al mando del cabo Manuel Palomino, unos 24 hombres en total.
A su derecha, parapetados tras la tapia y tunales, se ubicó otro grupo de 23 fusileros voluntarios al mando del cabo Cerpa y a la izquierda 18 fusileros (sin bayoneta) voluntarios dirigidos por el cabo Antonio Cuevas.
Los blandengues de Olavarría se mantenían en reserva y Pueyrredón le dio instrucciones de que atacara si los ingleses efectuaban un ataque de flanco o sobre su retaguardia, donde colocó la caballería, unos 40 milicianos voluntarios armados de lanzas escondidos entre las edificaciones que se encontraban a unos 100 metros de la línea principal, permaneciendo a su mando directo.
A las 7 de la mañana "los de Perdriel enarbolaron la divisa blanca y encarnada de los conjurados de Buenos Aires y a los gritos de ¡Santiago! ¡Cierra España! ¡Mueran los herejes! rompieron el fuego de artillería"
La infantería británica avanzó cubierta por los disparos de artillería, que provocaron la huida de muchos milicianos incluyendo los que defendían la artillería. Sólo quedo defendiendo su cañón el cabo Miguel Shennón de origen alemán y fe católica, quien había desertado de los británicos.
También Olavarría se puso en retirada con sus hombres formados diciendo "que comprometer combate sería exponer el fin de la reunión, que era esperar el ejército de Montevideo y proveerlo de caballos, reforzándolo".
Sólo un centenar de hombres permanecía en el campo. Entre los vecinos principales, devenidos en oficiales, se encontraban Diego Álvarez Barragaña, Mariano Renovales, Lucas Obes, José del Tejó, Lorenzo López, José, Juan Andrés y Rafael Pueyrredón, Martín Rodríguez, Mauricio Pizarro, Juan Pablo Rodríguez, Pedro Mariano y Nicolás Muñoz, Juan de la Cruz Brizuela, Martín Rivero y José Farías.
Juan Martín de Pueyrredón se lanzó entonces con una docena de hombres a una carga sobre el flanco derecho para copar la retaguardia y silenciar los cañones. Penetró con éxito hasta donde se ubicaba la reserva y los comandantes británicos, abatiendo personalmente a un artillero.
Mientras sus hombres se adueñaban de un carro de municiones, su caballo fue muerto por una bala rasa de cañón, quedando de pie y rodeado por la oficialidad británica, pero fue rescatado por la valiente intervención del Alcalde de Pilar, capitán Lorenzo Lopez Camelo, quien atropelló al galope el ruedo de soldados y oficiales enemigos, logrando romperlo y llegar a donde estaba su jefe. Pueyrredón de un salto montó en ancas y ante el asombro de los ingleses, que no atinaron ni a tirotearlos, dado lo instantáneo de la acción, desaparecieron tras la loma.
En un parte enviado al gobernador de Montevideo el 3 de agosto Pueyrredón relató lo ocurrido en el encuentro con los ingleses: "En efecto, el enemigo empezó a jugar su artillería, y enseguida la nuestra, y yo para mejor hacer valer nuestras ventajas tomé la tercia parte de mis tropas, y después de haber mandado al comandante D. Antonio de Olavarría que, en viéndome atacado por la retaguardia hiciese él la misma operación para oprimirlos por todas partes, salí a galope, y a poco rato los tuve enteramente cortados. En esta situación hice señal de avanzar, y a la cabeza de los míos me precité sobre el grueso del enemigo, y me hallé en medio de ellos con sólo 10 de mis compañeros que me siguieron: mi objeto era quitarles la artillería, y de facto con mis diez compañeros les quité un carro de municiones con sólo la pérdida de uno de mis amigos, y mi caballo que fue atravesado por una bala de cañón. Cuando yo me vi solo y a pie no tuve más recurso que mandar retirar el carro citado, y a pie salir huyendo en medio de todo el fuego que se dirigió hacia nosotros. Todos señor, huyeron, y nos tomó el enemigo la artillería y provisiones; pero yo salvé mi presa".
En la carga, Beresford estuvo cerca de ser muerto. Relata Gillespie: "Esta escaramuza no fue notable sino por el atrevido ataque de dos hombres de las filas enemigas, mientras los nuestros avanzaban, contra la persona de aquel jefe [Pueyrredón]. Estando bien montados ganaron desapercibidos la retaguardia del flanco derecho del regimiento 71, y luego dieron una carga furiosa en línea recta hacia el general, cuyos asistentes ocurría se hallaban entonces algo distantes; pero el capitán Arbuthnot, que estaba cerca, contuvo a uno de ellos. El otro, sin embargo, persistió todavía, y hubiera asestado el golpe fatal si el coronel Pack, con su calma habitual, no le hubiese prevenido hasta que el teniente Mitchell ordenó a unas pocas hileras de sus granaderos romper el fuego, que echó por tierra a aquel atrevido aventurero con su caballo." Beresford era incapaz de defenderse ya que su espada "durante este tiempo, por la herrumbre, no salía de la vaina".
El combate duró entre 30 minutos y una hora. La certificación de los servicios prestados por Pueyrredón, expedido por el Cabildo en su Sala Capitular de Buenos Aires, el 25 de octubre de 1806, relata la participación de aquel en los sucesos que culminaron en Perdriel:"El Cabildo, justicia y regimiento de la ciudad de Buenos Aires, capital del virreinato del Río de la Plata, certifica que don Juan Martín de Pueyrredón, natural de esta ciudad, después de tomada la plaza por las armas británicas el día 27 de junio último, no dispensó gasto, fatiga, ni trabajo para preparar y disponer por su parte la reconquista: emprendió viaje a Montevideo, de donde regresó habiendo antes acordado con el señor gobernador de aquella plaza la reunión de gentes que debería haber en ésta para incorporarse con la que se allí viniese. Recorrió por sí estas campañas, convocó las milicias, junto voluntarios que lo siguieron pagando a aquellas de su peculio soldada diaria de cuatro reales, y pasando a estos ración abundante de todo lo necesario; con el auxilio de dos compañeros que se le agregaron a este fin. Llegado con la gente al caserío de Perdriel, distante cuatro o cinco leguas de esta ciudad, la noche del 31 de julio, sin haber tenido tiempo para coordinar la defensa de aquel puerto, fueron atacados a la mañana siguiente por un trozo de seiscientos setenta ingleses, con un famoso tren de artillería volante, y después de haber sostenido el fuego por espacio de una hora, se arrojó este valeroso patriota con unos pocos que le siguieron sobre el enemigo, logrando matarle algunos artilleros y quitarle un carro cubierto de municiones, que salvó por entre los fuegos de fusil y con inminente riesgo de su vida, la cual hubiere perdido sin duda por haberle muerto el caballo, si la generosa valentía de don Lorenzo López no lo hubiese libertado alzándolo a las ancas del suyo."
Pueyrredón se retiró con sus hombres y el carro capturado reuniéndose con Olavarría, con quien se dirigió a la chacra de Márquez (actuales tierras de los talleres militares de Bulogne Sur Mer) para reagruparse y esperar a Liniers para avanzar sobre Buenos Aires.
Beresford regresó a Buenos Aires con la artillería capturada (sólo los dos pedreros, desechando las insevibles carronadas) y siete prisioneros, entre ellos, el desertor de su ejército, el soldado alemán Shennón, amarrado a la cureña de un cañón. Previo consejo de guerra y eucaristía brindada por el obispo de Buenos Aires, el desertor fue fusilado frente al regimiento 71 el 9 de agosto como medida ejemplificadora.
Ante la dispersión de las tropas, Antonio de Olavarría trabajó para reunir a los hombres del cuerpo de blandengues, con lo que pudo sumar 400 hombres a las tropas de Liniers en la Chacarita de los Colegiales.
Pueyrredón por su parte dejó el encargo de la reunión a sus hombres y a las 3 de la tarde partió en un bote rumbo a la Banda Oriental para dar cuenta de la situación, acompañado de Francisco Trelles, Francisco Marino de Orma, José Bernaldes, Cornelio Zelaya y Miguel Mejía Mármol. Tras un largo y peligroso periplo arribó a Colonia del Sacramento el día 2 y se reunió con Liniers, quien calificó "de un arrojo temerario el del combate de Perdriel sin convenir con Pueyrredón en las consecuencias que lo habían alarmado hasta el término de emprender este viaje difícil y peligroso.".
El número de bajas en ambos bandos fue bajo. En un informe remitido a Liniers a fines de agosto por los voluntarios catalanes se evaluaba el encuentro de Perdriel como un triunfo, dando como cifras de bajas veinte ingleses muertos y diez heridos, y sólo tres muertos y cuatro heridos entre los defensores.
Si bien Beresford quedó dueño del campo, el encuentro no lo favorecía, no sólo por la relativa disparidad de bajas, sino por el fracaso estratégico de la operación: la intención de fijar y derrotar en campo abierto a las fuerzas de campaña sublevadas no se había podido cumplir al retirarse los blandengues y retirarse el grueso de las milicias.
Dice al respecto Gillespie: "La dispersión de su ejército en Perdriel, el 2 de agosto, tuvo un efecto evidente en los sentimientos de todos los rangos durante los tres días siguientes. Fueron desusualmente civiles, pero después de saber que ninguna pérdida seria había resultado, cada uno asumió un grado de insolencia desdeñosa, exigiendo la vereda y otros ejemplos de pequeño insulto. Un día el teniente Sampson, del cuerpo de Santa Helena, mientras pasaba por una de estas pulperías, vio a algunos de esos sujetos precipitarse para arrancar el mosquete del centinela, lo que consiguieron, y él fue peligrosamente apuñealeado en el acto de ayudar al soldado. Se hacían amonestaciones sin resultado, pues en todas las denuncias al poder civil, unos pocos encogimientos de hombros y lindas promesas para librarse del importuno eran los únicos sustitutos del remedio eficaz".
Finalmente Liniers desembarcó el 6 de agosto en Las Conchas (en inmediaciones de la desembocadura del Rìo Reconquista). Allí Pueyrredón sólo pudo sumar 33 hombres. Las fuertes lluvias caídas entre el 4 y el 8 retardaron la unión del ejército de Pueyrredón hasta el día 9, donde"ese actual Franklin de su país, llevó consigo no solamente su fuerza primitiva, sino un gran refuerzo de catalanes de Montevideo." El 12 de agosto se produciría finalmente el ataque y reconquista de la ciudad.
En la tarde del 23 de diciembre de 1806 los combatientes recibieron del cabildo una condecoración conocida como "Escudo de Perdriel". Oblonga, de oro y media onza de peso, con las armas de la ciudad de Buenos Aires en relieve, llevaba el lema "V.o T.s R. C.o q.s Td.s de B.s A.s", esto es: Voluntarios Reconquistadores de Buenos Aires. Era usada en el brazo izquierdo, montada en una cinta en la que estaba grabado a mano el lema.
En la reorganización de las milicias de cara a la esperada segunda invasión, y tomando como base a las milicias organizadas por Pueyrredón, se organizaron las demás unidades, distribuyéndose por regiones de origen a los españoles. Se autorizó a los soldados de los cuerpos urbanos formados a elegir a sus oficiales y éstos a sus superiores. Pueyrredón quedó al mando directo del primer Escuadrón de Húsares, que fue conocido como los Húsares de Pueyrredón.
Desde hace varios años, la comunidad del Partido de General San Martín recuerda a los caídos en Perdriel cada 1º de agosto en los actos conmemorativos que se realizan en el Museo Histórico José Hernández - Chacra Pueyrredón, ubicado en Presbítero Carballo 5042, Villa Ballester Oeste, Partido de General San Martin. En ese mismo lugar está instalado un monolito que lo consagra “Hito Nùmero 1 de la Argentinidad” ". La chacra fue declarada en 1942 Monumento Histórico Nacional

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30/7/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE LAGUNA VERÁ

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE LAGUNA VERÁ
El 30 de julio de 1868 se produce un combate cuerpo a cuerpo entre tropas argentinas y paraguayas en Laguna Vera, Paraguay. Las fuerzas paraguayas fueron aniquiladas.
Frente a Humaitá, el río forma una gran península baja y anegadiza, cortada por la Laguna Verá, que desde poca distancia del río se extiende hasta cerca del arroyo Timbó.
El punto de desembarco de los evacuados estaba al norte de Humaita, en la llamada Isla Poí, siendo en realidad una lengua de tierra montuosa que se interna en Laguna Verá. La primera disposición de Martínez fue cruzar al otro lado de la laguna a mujeres, niños y enfermos, en embarcaciones y a través de un canal abierto ex profeso. En principio no hubo dificultades, pero advertido el movimiento por los aliados, el general Rivas, con elementos que disponía más 14 batallones de infantería y 2 batería de artillería que le envió Caxias, mandó extender un cerco infranqueable frente a los paraguayos, contando además con una escuadrilla de botes y canoas, cuatro e ellos artillados en la proa, haciendo imposible el paso hacia Timbó.
Acosados por el hambre y el continuo bombardeo aliado, que en una semana arrojó 10.000 bombas, la situación de los paraguayos no podía ser peor. Ni bien oscurecía, los paraguayos avanzaban embarcados, y a poco andar se topaban con las canoas aliadas, produciéndose desesperados combates en las sombras de la noche, amaneciendo el día la laguna teñida de sangre. La última tentativa tuvo lugar el 30 de julio, en que unas 400 personas, entre ellas mujeres y niños, intentaron abrirse paso a través del cerco infranqueable. Las canoas quedaron llenas de muertos, y los aliados no pudieron soportar el espanto de la escena:
“Al traer las canoas al puerto –le escribe Gelly y Obes a Mitre- fue cuando todos quedaron espantados de lo que veían pues que al remover los cuerpos, para saber si había heridos, se encontraron con varias mujeres muertas, que venían con camiseta de soldado, y con éstas varias criaturas, también muertas”.
El mismo Obes dice que, con motivo del combate, fue a verlo a Rivas y “lo encontré todavía afectado por el espantoso cuadro que había presenciado”
Quedaban aún en Isla-Poi, 1.800 paraguayos permanentemente bombardeados y diezmados por el hambre, muriendo algunos de inanición ante el agotamiento completo de provisiones.
Conmovido por la situación, envía Rivas parlamentarios en tres oportunidades con proposiciones de capitulación, que son sucesivamente rechazadas por Martínez. Intervienen inclusive religiosos, que portando una cruz llegaron hasta los sitiados, hasta que finalmente Martínez acepta conferenciar con la condición de que los paraguayos no sean incorporados al ejército aliado y obligados a pelear contra su Patria, como había sucedido en el transcurso de la guerra. No solo a esto accedió Rivas, sino que además prometió que los jefes y oficiales conservarían sus espadas.
Según el parte de Rivas, cayeron en su poder 4 jefes, 95 oficiales, 300 heridos y enfermos, y 900 soldados.
Pocos días después, el general Bernardino Caballero recibe la órden de evacuar Timbó, trasladando a Monte Lindo la artillería, y pasando de aquí a incorporarse al ejército, detrás del Tebicuary.

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24/7/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE GRANADEROS POR ANIVERSARIO DEL INTENTO DE ASALTO A LA FORTALEZA DE TALCAHUANO

ANIVERSARIO DEL INTENTO DE ASALTO A LA FORTALEZA DE TALCAHUANO
El 23 de julio de 1817, las fuerzas argentino chilenas al mando del General Bernardo O`Higgins, organizadas en dos columnas a órdenes de los coroneles don Juan Gregorio de Las Heras y don Pedro Conde, realizaron sin éxito un intento de asalto a Talcahuano. En esa oportunidad, las compañías de Cazadores del Batallón Nº 11 y el 4to Escuadrón de Granaderos a Caballo, a las órdenes del comandante don Manuel de Escalada, cargaron a una partida de caballería realista a la que pusieron en fuga y persiguieron, bajo el fuego de la artillería, hasta el pie de la fortificación. Los granaderos tuvieron un muerto y un herido y los cazadores, dos heridos.


PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE ACAYASUÁ

ANIVERSARIO DEL COMBATE DE ACAYASUÁ
El 18 de julio de 1868 se produce el combate de Acayasuá. Una columna de fuerzas argentinas y brasileñas mandada por el Coronel argentino Miguel J. Martínez de Hoz, fue atacada por una fuerza de caballería paraguaya que estaba emboscada. Los brasileños huyeron y los argentinos sostuvieron la lucha con heroísmo hasta su final, en que fueron todos sacrificados. El Coronel Martínez de Hoz había nacido en Buenos Aires el 14 de marzo de 1832.

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26/6/18

PUBLICACIÓN EN LA PAGINA DE PATRICIOS POR ANIVERSARIO DEL COMBATE DE QUILMES

 ANIVERSARIO DEL COMBATE DE QUILMES
Al amanecer del día 26 el coronel Arze – con el cargo de SubInspector - comprobó que el enemigo, “en número de dos mil hombres y seis cañones de a 8”, se hallaba “a la orilla opuesta de un bañado o pantano, que todos los prácticos del país aseguraban impracticable su tránsito”.
A pesar de esta relativa seguridad, de la dominante posición que sus tropas ocupaban y del aumento de su pequeña fuerza con los ciento cincuenta hombres del coronel de la Quintana, Arze estimó necesario hacer acudir en su apoyo la reserva que, según la comunicación del virrey recibida en la noche, se encontraba en el Puente de Gálvez esperando sus órdenes.
A tal fin envió la siguiente orden al coronel de Elía:
“Inmediatamente póngase V. S. en marcha a incorporarse conmigo, en donde me encuentre, por el camino carril de los Quilmes, con el Tren volante, y pasando aviso al Capitán Dn. Florencio Terrada para que haga lo mismo, pues tenemos los enemigos a la vista y es conforme a lo dispuesto por el Exmo. Señor Virrey.”
Recibida esa orden a las ocho y media de la mañana, el coronel de Elía se apresuró a darle cumplimiento, mandando aviso al capitán Terrada – que se encontraba en la quinta Marull, al sur del riachuelo - de que se le incorporase con su compañía y comunicando al virrey la orden recibida y su correspondiente ejecución.
La reserva que a las órdenes del coronel de Elía iba a marchar de Puente de Gálvez a los Quilmes, se componía de las siguientes tropas:
160 hombres del Regimiento de Voluntarios de Caballería de Buenos Aires
100 hombres de la Compañía montada del Batallón de Voluntarios de Infantería.
División de Tren volante (capitán Vereterra); Dos cañones y un obús.
Formado el destacamento, el coronel de Elía se puso en marcha hacia la Reducción (Quilmes), al paso, pues consideraciones de diverso orden impedían una marcha más rápida. “Los caminos estaban algo pesados por la fuerte lluvia de la noche del 25, que se hacen más sensibles en los terrenos de bañados por donde transitamos”. Además, era necesario considerar que hacía treinta horas que los caballos estaban ensillados y sin comer; y en el deseo de apresurar la marcha, no era aconsejable llegar al lugar del combate con los caballos completamente agotados. Por último, parece que aquel aire de marcha había sido determinado en la orden general de la plaza, dictada el día anterior a mediodía, posiblemente en atención al estado general del ganado y a la falta de caballadas de reserva
El orden de marcha del destacamento del coronel de Elía era el siguiente: A vanguardia una patrulla exploradora de 25 hombres, al mando del alférez Juan Ignacio Terrada, con la misión de “descubrir bañados y caminos, así como para dar parte de cualquier ocurrencia que hubiese, a fin de que la artillería no sufriese demora ni tropiezo algunos en la marcha”. A una distancia prudencial iban las piezas del capitán Vereterra, seguidas por el Regimiento de Voluntarios de Caballería. Cerraba la marcha la compañía del capitán Juan Florencio Terrada.
En este orden el destacamento llegó sin mayores tropiezos a las inmediaciones de la Reducción en momentos en que el combate se había iniciado
“Eran las once de la mañana del 26 y aun había podido moverme de mi posición primera, pudiendo el enemigo desde la suya haber contado uno por uno los hombres que yo tenía”. Así comienza el mayor general Beresford su sintético relato del encuentro, con las fuerzas del coronel Arze y que consigna en su informe del 2 de julio al general Baird.
Agrega a continuación el jefe de la columna inglesa: “Él – refiriéndose al enemigo – se hallaba colocado a lo largo del frente de una loma en que se encuentra el pueblo de Reducción, que cubría su flanco derecho, consistiendo su fuerza principalmente en caballería (he sido después informado de que eran dos mil), con ocho piezas de Tren volante. La naturaleza del terreno era tal, que me hallé en la necesidad de avanzar directamente a su frente y de extender mi línea tanto como podía igual a la suya. Formé todas las tropas en una línea, excepto la infantería de Santa Elena, que constaba de ciento cincuenta hombres, los cuales formaron a 130 yardas a retaguardia con dos piezas de tren, con orden de hacer rente a la derecha o a la izquierda, y al mismo tiempo a nuestros costados si fuesen amenazados por su caballería. Yo tenía dos cañones de a 6 en cada costado y dos obuses en el centro de la primera línea. En este orden avancé contra el enemigo...”
No es posible formarse una idea cierta y exacta de cómo debió librarse el combate entre las tropas de Beresford y las del coronel Arze. En su obra, Beverina trata de esbozar una descripción aproximada, utilizando fragmentariamente los datos de diferentes testigos presénciales, como el cap. Gillespie del Regto. 71° y el de Pedro Antonio Cerviño que formaba parte de la columna del coronel Elía. A este respecto comenta Beverina: Las relaciones de estos dos actores principales y las de algunos testigos presénciales (Gillespie, Cerviño), omiten detalles imprescindibles, o los que consigan ofrecen discordancia.
Desde el momento de su llegada en la tarde anterior al pequeño pueblo de Reducción, el coronel Arze había ocupado con sus tropas una altura dominante, situada a cuatro kilómetros de la playa en la cual desembarcado el enemigo.
En la mañana del 26 la fuerza del coronel Arze “estaba formada en el extremo de un verde y profundo bañado y sobre una llanura elegida, que semejante al banco empinado de un río se elevaba rápidamente muchas yardas sobre nuestro nivel. Nada más adecuado para una posición defensiva”
El coronel Arce consciente que dadas la inferioridad y la menor eficacia táctica de sus tropas y, asimismo, las características del terreno a su frente – inadecuado para la acción de la caballería -, resolvió esperar el ataque del enemigo en la posición en que se hallaba, confiando en desordenar sus filas durante el avance a través del bañado mediante el fuego de artillería, para atacarlo después si las circunstancias resultaban favorables. La formación que dio a sus tropas fue en dos líneas, ocupando la primera los blandengues, en dos filas y desplegados en batalla; a treinta pasos a retaguardia y también en dos filas, los milicianos, cuyo costado izquierdo sobresalía del de los blandengues. En el costado derecho de la primera línea fueron emplazadas tres piezas
Saliendo de la playa en donde habían desembarcado y pasado la noche, “nuestras tropas – escribe Gillespie – formaron en dos columnas, y después de un movimiento de frente de ochocientas yardas – 730 metros -, desplegaron en línea de batalla. El Regimiento 71 llevaba la derecha; el Batallón de Infantería de Marina, un poco a retaguardia de aquél, la izquierda; y el Cuerpo de Santa Elena, doscientos pasos atrás, formaba la reserva”.
Grandes dificultades tuvieron que vencer los ingleses para atravesar el bañado de 2 km de extensión; los cañones, que eran arrastrados a mano por la marinería, debieron ser abandonados por haberse atascado. Además, la artillería enemiga abrió el fuego con alguna eficacia, especialmente en sus primeros disparos. Por último, una columna - Elía - de caballería española, proveniente de Buenos Aires, amenazaba su flanco derecho
A pesar de estos contratiempos, en particular, de la inutilización de su artillería, Beresford no detuvo su avance. A las 11,00 hs. el Regimiento 71(teniente coronel Pack) al sonido de sus gaitas, recibió la orden de avanzar sobre la altura de la Reducción para desalojar de allí enemigo; el Batallón de Infantería de Marina (capitán King) seguiría a su retaguardia, ya para sostenerlo directamente, ya para prolongar cualquiera de las alas; la infantería de Santa Elena (teniente coronel Lane) a 100 metros a retaguardia, con una conversión a la derecha, cubriría este flanco contra la columna que venía llegando desde Buenos Aires
“Habiendo llegado el Regimiento 71 al centro de las eminencias en muy buen orden, seguido por el Batallón de Marina, el enemigo no quiso esperar que se acercase más, sino que se retiró del frente de la altura, ganada la cual por nuestras tropas y comenzado el fuego de los fusiles, aquél huyó con precipitación, dejándonos cuatro piezas de tren y un tambor”
Para saber como había llegado la columna del coronel Elía, utilizaremos las memorias de Pedro A. Cerviño. Cuando la columna se aproximaba a la Reducción, se observó el avance del enemigo a través del bañado y el fuego de artillería que el subinspector Arce había ordenado abrir sobre los británicos; “lo que visto por nuestro Coronel – narra Cerviño – mandó acelerar el paso del Tren y de la tropa, y como a proporción que ésta se aproximaba notaba la formación enemiga, que presentaba a nuestra columna todo el costado derecho de la suya, hizo alto y mandó por un portaestandarte prevenir al Sub Inspector que si le parecía que con su gente en batalla y con el auxilio de los tres cañones del Tren los atacase por el que le presentaban, para distraerle o llamar su atención a dos puntos. Mientras logró su respuesta, se hicieron reconocer las armas, que consistían en espadas y pistolas, de éstas las más estaban sin piedra por el desorden y precipitación con que se les hizo su entrega, y las demás o todas las que carecían de este defecto, tenían el de que las balas de los cuatro cartuchos por individuo no venían de modo alguno al cañón de la pistola”
La respuesta del coronel Arze fue decepcionante, la columna de Elía simplemente debía prolongar la izquierda de las tropas desplegadas en batalla
Mientras daba cumplimiento a esta orden y las tropas de refuerzo formadas en batalla y con sable en mano trataban de alinearse con las anteriores, el coronel Arze ordenó el toque de retirada. Beresford había ordenado atacar a la bayoneta, orden que fue cumplida con gritos atronadores por parte de los hombres del 71º. Ante el ímpetu del avance de los escoceses, los blandengues hicieron entonces una conversión sobre su izquierda y, para substraerse al fuego del enemigo, atropellaron a las tropas del coronel Elía, introduciendo la confusión y el pánico en toda la línea española. Los milicianos no tardaron en seguir el ejemplo, dándose a la fuga en el mayor desorden y dejando en poder del enemigo cinco piezas de artillería
Con grandes dificultades pudieron los jefes reunir la mayor parte de su gente en la altura situada a unos tres kilómetros del campo de la acción, donde, al no verse perseguidos, se detuvieron para reorganizarse
“Contenidas, aunque a la larga distancia, las dos terceras partes de mi tropa, di inmediatamente parte al Virrey de lo ocurrido por medio de un Ayudante, que repetí a poco rato con otro con circunstanciada noticia del número de los prófugos; y manteniéndome a la vista de los enemigos, recibí en contestación la orden de retirarme a Barracas, separando su puente, y en donde debería esperar sucesivas prevenciones”
Dueño del terreno abandonado por el enemigo, el general Beresford detuvo allí a las tropas durante dos horas, tanto para darles un descanso, como para permitir que la artillería pudiese ser sacada del pantano Esto último se logró por la pronta intervención del capitán Donelly, de la fragata Narcissus, quien de propia iniciativa desembarcara con algunos marineros para rescatarlas. Reorganizada su columna, el general Beresford se puso en marcha en dirección al puente de Gálvez (que según datos obtenidos distaba ocho millas), procurando apresurar su llegada al Riachuelo con el fin de impedir que el enemigo pudiese destruir el puente. Y de esa manera, tener el camino abierto hacia la capital del Virreinato, Buenos Aires.